
El coche eléctrico suele percibirse como una alternativa más económica que un vehículo de combustión. Su mantenimiento suele ser más barato; sin embargo, algunas reparaciones pueden suponer un presupuesto más elevado que en un modelo de combustión.
De hecho, las operaciones de mantenimiento son menos numerosas y más económicas gracias a una mecánica simplificada. En cambio, algunas reparaciones de vehículos eléctricos pueden disparar rápidamente la factura.
Entonces, ¿cuál es el coste real de un coche eléctrico a largo plazo?
A diferencia de los vehículos de gasolina o diésel, el coche eléctrico cuenta con muchas menos piezas mecánicas sujetas a desgaste.
En concreto, no tiene:
Este diseño más sencillo reduce el riesgo de averías y disminuye los costes de mantenimiento.
Según varios estudios del sector, el coste del mantenimiento de un vehículo eléctrico es, de media, entre un 20 y un 30 % inferior al de un coche de combustión equivalente.
Además, una revisión de un coche eléctrico suele recomendarse cada 30.000 kilómetros o cada dos años, frente a los 15.000-20.000 kilómetros de un vehículo de combustión.

Aunque las averías suelen ser menos frecuentes, su reparación puede resultar más cara.
Según un estudio de la SRA, las reparaciones de los coches eléctricos cuestan de media entre un 14 y un 28 % más que las de los modelos de combustión equivalentes.
Esta diferencia se explica, en particular, por:
La batería de un coche eléctrico suele percibirse como el principal riesgo financiero.
Sin embargo, los fabricantes suelen garantizarla durante 8 años o 160.000 kilómetros, lo que limita el riesgo de sustitución prematura.
Aunque el mantenimiento sea más sencillo, algunos componentes requieren un control periódico:
El mantenimiento de un coche eléctrico es, en general, más barato que el de un modelo de combustión gracias a una mecánica más sencilla y a revisiones menos frecuentes.
En cambio, algunas reparaciones relacionadas con la batería o los sistemas electrónicos pueden ser más caras.
Por tanto, es esencial evaluar el coste global de uso en lugar de fijarse únicamente en el precio de compra.